- Especialistas recomiendan pasar de una estrategia general de prevención a una gestión diferenciada por cultivo, lote y etapa de desarrollo.
- Según el IDEAM hay una probabilidad superior al 90 % de que fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y elevó al 75 % la probabilidad de que sea el más intenso de los últimos 76 años.
Esta variación climática es un desafío para el agro colombiano. El IDEAM reportó el 10 de septiembre que las condiciones del fenómeno continúan fortaleciéndose y estimó una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. Con este panorama, la atención ya no está solamente en prevenir, sino en gestionar estratégicamente los cultivos establecidos para proteger la productividad, optimizar el uso del agua y reducir riesgos en el campo.
De acuerdo con el Managing Director y Líder Comercial de BASF Soluciones para la Agricultura Colombia, Teófilo Bustingorri, «Cuando el evento climático ya está en curso, la precisión se vuelve tan importante como la prevención. No se trata simplemente de utilizar más agua o más insumos, sino de entender qué está ocurriendo en cada parte del cultivo, identificar dónde existe mayor riesgo y tomar decisiones a tiempo y basadas en información. El conocimiento agronómico, el monitoreo y las herramientas disponibles son claves para ayudar a convertir la información en acciones oportunas«.
Decidir según el tipo de terreno
Cuando se habla de sequía, es común pensar que toda una finca reacciona de la misma manera. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Mientras una zona conserva humedad y mantiene un desarrollo adecuado, otra puede comenzar a mostrar signos tempranos de estrés hídrico.
Las diferencias en el tipo de suelo, la exposición solar y la capacidad de retención de agua hacen que cada lote responda de forma particular. Lo mismo ocurre con cada cultivo, variedad y etapa de desarrollo. Por esta razón, aumentar el riego de manera generalizada puede convertirse en una decisión costosa e ineficiente.
La clave está en observar, medir y decidir. Antes de actuar, es fundamental evaluar la humedad disponible, las características del terreno, el estado fisiológico de las plantas y la disponibilidad real del recurso hídrico. Una estrategia diferenciada permite destinar esfuerzos donde realmente se necesitan y aumentar la resiliencia de los cultivos frente a las condiciones climáticas extremas.
No todo síntoma es falta de agua
Una hoja amarillenta, la pérdida de vigor o la aparición de manchas pueden generar preocupación inmediata. Sin embargo, asumir que estos síntomas son consecuencia directa de la sequía puede conducir a decisiones equivocadas.
El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) advierte que algunos problemas fitosanitarios presentan síntomas similares a los ocasionados por déficit hídrico o deficiencias nutricionales. Por ello, los expertos recomiendan seguir una secuencia simple pero efectiva: primero observar el cultivo, luego revisar el suelo y finalmente determinar la acción más adecuada con base en evidencia.
En un contexto donde cada recurso cuenta, tomar decisiones fundamentadas puede marcar la diferencia entre controlar una situación a tiempo o enfrentar pérdidas innecesarias.
Uso eficiente del agua: más importante que usar más agua
La eficiencia del riego depende de cómo se distribuye el recurso y de las pérdidas que pueden generarse por escorrentía, percolación o durante la conducción y aplicación. En los sistemas donde sea técnicamente viable, el riego localizado permite dirigir el agua hacia las zonas donde la planta realmente la necesita.
AGROSAVIA señala que el riego por goteo puede ser más eficiente en determinados cultivos porque aplica el agua directamente sobre el suelo y evita mojar el follaje. No obstante, su conveniencia depende de las características del cultivo, del suelo y de la infraestructura disponible en cada sistema productivo.
La priorización también resulta fundamental. Una planta recién establecida, otra en crecimiento activo y una que atraviesa una etapa reproductiva tienen necesidades distintas y niveles diferentes de tolerancia al estrés hídrico. Cuando el recurso es limitado, identificar las áreas más sensibles permite proteger el potencial productivo de la cosecha.
Monitorear hoy para evitar pérdidas mañana
Uno de los errores más frecuentes durante los periodos de sequía es reducir la atención sobre plagas y enfermedades. Sin embargo, las condiciones climáticas modifican la interacción entre las plantas y los organismos que afectan su desarrollo.
Por esta razón, el monitoreo constante sigue siendo indispensable. El ICA recomienda vigilar permanentemente la sanidad de los cultivos y reportar oportunamente cualquier situación que represente un riesgo. Una lesión foliar, un cambio de coloración, un crecimiento irregular o una disminución del vigor pueden tener múltiples causas y requieren una evaluación integral antes de tomar decisiones.
Si bien el Fenómeno de El Niño representa desafíos importantes para la agricultura colombiana, no significa que las pérdidas sean inevitables. El impacto final dependerá del territorio, el cultivo, las prácticas de manejo implementadas y la evolución del fenómeno climático.
Hoy más que nunca, proteger los cultivos implica revisar la humedad del suelo, ajustar el riego a las condiciones reales del lote, conservar coberturas vegetales, mantener una nutrición equilibrada, fortalecer el monitoreo fitosanitario y aprovechar la información climática disponible para anticipar riesgos.



